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Aquella Fiesta

by Guest on Apr 23, 2017 Historias de sexo 3437 Views

El da estaba sumamente caluroso.


Nos despertamos temprano y bajamos a la playa, estaba desierta, 
por lo tanto decid quitarme la parte de arriba del traje 
de bao para broncear mis pechos. Marcelo se quit el short 
y se tir a mi lado a tomar sol, comenzamos a besarnos y, bueno, 
calentones como somos, a calentarnos.

Estbamos los dos con muchas ganas de hacernos el amor, 
pero, estbamos en un lugar pblico. Decididamente no 
era el lugar apropiado, pero.... como hacer para detener 
la calentura que tenamos encima?

Marcelo empez a chuparme las tetas. Con todo el dolor del 
mundo me lo saqu de encima.


-No Marcelo, mejor nos calmamos. Le dije 
El replic :


- Est bien Vernica, pero es que los dos estamos muy excitados.


Te propongo nos masturbemos, lo hacemos rpido, mucho 
no vamos a tardar.


Sin mediar palabra, Marcelo se quit el short y su esplendorosa 
pija fue demasiado irresistible para m. No pude aguantar 
ni un segundo y me abalanc con mi boca abierta contra esa 
dura verga.


La tuve en mi boca solo unos segundos, por miedo a entusiasmarme 
y que alguien pasara y nos viera.


Marcelo corri con una de sus manos la parte de abajo de mi 
traje de bao y con su dedo mayor empez a masturbarme.


Al mismo tiempo le tom la pija para hacerle la paja. En menos 
30 segundos ya habamos acabado.


Cuando me estoy levantando, para ir al agua a asearme un 
poco, y a la vez enfriarme, veo que cuatro ojitos nos miraban 
tras unos arbustos, hice que no haba visto a nadie y sal 
caminando para el agua. Marcelo, sin darse cuenta, me segua.


El hecho de saber que alguien nos haba visto aumentaba 
an ms mi excitacin en el camino, me gust el saber que 
habamos sido espiados, vistos por extraos.


Cuando volvimos del mar la pareja que nos haba estado observando 
se ubic cerca de nuestras lonas.


Estaban los dos desnudos, al vernos llegar se acercaron 
a saludarnos y nos preguntaron si era una playa nudista.


Les respondimos que no, pero como no haba nadie habamos 
decidido tomar sol sin ropas, dijimos un poco avergonzados.


Parecan muy amigables, ella se llamaba Patricia y tenia 
28 aos y l Jorge y tena 30, sus cuerpos lucan muy trabajados 
y nos dijeron que eran profesores de aerbic. Estuvimos 
conversando hasta el medioda, intercambiamos telfonos 
y quedamos en llamarnos para vernos en otra oportunidad.


Durante la charla mantenida, y al haber tomado un poco de 
confianza, se sinceraron y nos dijeron que ellos no eran 
turistas, eran lugareos y saban que esa no era una playa 
nudista. Pero al vernos sin ropas, tomaron coraje y los 
haba seducido la idea de imitarnos.


Estbamos cenando en la terraza del hotel, cuando son 
el celular de Marcelo, era Jorge para invitarnos a una fiesta 
la noche siguiente en su casa. Dado que estbamos solos 
y no tenamos planes, la invitacin fue aceptada.


Para ir a la fiesta, me puse un vestido minifalda color celeste 
claro, el cual contrastaba con mi piel bronceada, tacones 
altos, sin medias y dado que la ropa era muy ajustada y un 
poco traslcida decid usar ropa interior acorde al color 
del vestido.


Llegamos al lugar. La casa era una imponente mansin con 
un hermossimo jardn al frente, muy iluminado y muy bien 
mantenido. Tocamos timbre y un mayordomo nos atendi, 
nos hizo pasar al saln. Al rato lleg Patricia, tena puesto 
un top que apenas tapaba sus pechos, pareca ms linda que 
en la playa. Nos dijo que pasramos al jardn del fondo, 
pues all estaban los dems invitados. Una gran piscina 
emerga debajo del csped, detrs estaban la parrilla 
y los invitados.


Patricia nos presenta al resto de los invitados, uno por 
uno. Parecan conocerse desde hace tiempo por la familiaridad 
con la cual se dirigan unos a otros, eran todos muy simpticos 
y enseguida entablamos conversacin con ellos.


Al rato aparecieron los camareros y camareras a servirnos, 
ellos vestan un chaleco blanco con un moo y pantalones 
negros de lycra muy ajustados que evidenciaba sus miembros 
muy bien dotados. Las chicas llevaban puesto tambin un 
chaleco negro con la espalda desnuda y una minscula tanga 
color blanco que dejaba sus nalgas al descubierto. Nos 
miramos con Marcelo y comentamos que buena eleccin de 
personal haban realizado, nuestros compaeros de mesa 
se rieron y coincidieron con nosotros.


La cena consista en platos fros, ensaladas, cerveza, 
vino y refrescos.


Luego de servir el postre, los jvenes que haban oficiado 
de camareros se colocaron en fila, alternado un chico y 
una chica alrededor de la piscina.


La msica, a gran volumen, comenz a sonar con una fidelidad 
realmente increble. Haba comenzado el baile.


Sin salirse de alrededor de la piscina, se las arreglaron 
para acomodarse de manera tal que ocuparan todo el permetro. 
Se los poda ver con total comodidad desde cualquier ubicacin 
en que uno estuviera.


Comenzaron a bailar, normalmente, con pasos casi de coreografa, 
y lentamente, casi sin percibirse, sus movimientos fueron 
cambiando, hasta pasar de unos pasos comunes a unos movimientos 
tan erticos, sensuales y provocativos, que incitaban 
a deshinibirse, y acercarse a ellos.


Luego de un par de temas, y ante la admiracin de los presentes, 
se fueron dispersando para ir acercndose a cada una de 
las mesas y elegir a dos comensales un hombre y una mujer 
para llevarlos con ellos.


Una vez al lado de la pileta, siempre al comps de la msica, 
se iban quitando muy despacio las ropas, sin abandonar 
los sensuales movimientos. Esa era la manera de romper 
el hielo definitivamente, y que los invitados comiencen 
a integrarse a los juegos que muy pronto iban a proponer.


En nuestra mesa eligieron a Marcelo y a la chica de la otra 
pareja, con su esposo nos quedamos expectantes de lo que 
acontecera.


Cuando ya estaban todos en el agua, los hombres subieron 
a las chicas en sus hombros y empezaron una lucha, las que 
eran derribadas ms rpidamente deberan pagar una prenda.


La misma consista, obviamente, en algo ertico, sensual.


Todo estaba muy bien preparado ya que las ya que las primeras 
prendas, consistan en cosas pcaras y divertidas, como 
ser que las mujeres fueran apoyadas por unos segundos, 
o tuvieran que manosear la verga de su circunstancial oponente, 
pero a medida que pasaban los minutos fueron subiendo de 
tono, a tal punto que la prenda consista, a partir de la 
quinta o sexta lucha, en mamar la verga de su oponente debajo 
del agua.


Coincidimos que era un poco osado, pero al notar con Marcelo 
la apariencia de la fiesta y la manera en que nos conocimos 
con nuestros anfitriones, nos habamos prometido integrarnos 
en todo lo que all fuera a acontecer, exceptuando drogas 
o alguna cosa de ese tipo.


La esposa de mi acompaante de mesa fue una de las primeras 
en caer, cuando l entendi en que consista el juego se 
puso furioso, dado que su contrincante era Marcelo. Me 
pregunt si estaba de acuerdo y le respond con una sonrisa.


Al rato una gran orga se haba formado en la piscina, slo 
podan verse los culos blancos de las mujeres al sumergirse 
y los rostros de placer de los hombres.


Me acerqu al borde de la pileta y pude ver como una chica 
abra las nalgas de Marcelo e introduca su lengua en ese 
precioso culo, mientras otra le mamaba la verga.


Enrique - as se llamaba mi compaero de mesa - se levant 
para poder observar mejor, pude ver como se notaba su dura 
pija bajo el pantaln.


Se para a mi lado y le pregunto si est molesto me mira algo 
desconcertado y me contesta que est un poco confundido, 
no esperaba esto en la fiesta y agrega que es la primera vez 
que viene a la casa de Jorge y Patricia.


Patricia era compaera de trabajo de Alicia, su mujer - 
y no tena idea de que hicieran orgas, me dijo.


Le cont lo que haba sucedido en la playa la maana anterior 
y por eso no me sorprend demasiado, al contrario, me haba 
gustado la idea.


A medida que pasaban los minutos me deca a m misma :


-Vernica, nos hicimos junto a Marcelo la promesa de integrarnos 
en todo. A no aflojar ahora


Enrique, quien ya tena la verga dursima, y que pereca 
que en cualquier momento le iba a romper el pantaln, me 
mira a los ojos, se acerca y acaricia mis pechos al tiempo 
que su boca roza mis labios.


Era alto, meda aproximadamente 1.85 m buen fsico, castao 
y ojos marrones, estaba muy bronceado.


Miro sobre su hombro hacia la pileta y veo a Marcelo que esta 
en el agua tomado del borde y que una mujer le esta chupando 
el culo y otra le chupa la verga, vindose claramente la 
lengua de esta ltima relamerse de placer, ya que recorra 
cada milmetro de piel de esa pija, la de Marcelo, que yo 
tanto conoca. Me ve, me sonre y sigue en lo suyo.


Yo pensaba : Vernica no seas tonta, Enrique es realmente 
un lindo hombre, Marcelo est gozando como el mejor, ests 
caliente... Qu ests esperando para disfrutar de la fiesta?


Enrique me dice al odo que le da vergenza estar ante todos 
y nos fuimos tras un rbol, me levant el vestido, se arrodill 
delante de m y empez a chuparme la concha y el culo. Me 
puso de espaldas me abri las piernas e intent clavarme 
ah mismo.


Yo estaba tan caliente, que casi lo dejo, pero en ese momento 
me di cuenta que si Marcelo no se la pona a ninguna, yo tampoco 
iba a dejar que me penetre otra pija que no sea la de l.


Le ped a Enrique que no lo hiciera, y supo respetar mi deseo.


Entonces propuso:


- Vernica me parece bien que no quieras que te la ponga, 
pero, por lo menos saqumonos toda la calentura que tenemos 
encima, hagmonos el sexo oral hasta que acabemos.


Acept la invitacin y me entregu, ahora s, totalmente 
Mis gritos de placer hicieron que dos chicos se acercaran 
a donde estbamos para ver que suceda. Se quedaron parados 
delante de nosotros masturbndose, lentamente se fueron 
acercando, cuando estaban a punto de estallar apuntaron 
sus vergas a nosotros y derramando toda la leche en nuestros 
cuerpos.


Eso me puso de muy mal humor. Yo estaba tan caliente, estaba 
a punto de acabar y estos dos idiotas lo hecharon todo a perder.


Sal corriendo, desnuda como estaba, dems est decir 
que pas desapercibida, a buscar a Marcelo.


Nunca en mi vida pens que iba a ver a tanta gente cogiendo 
simultneamente y a la vista de todo el mundo. Era una orga 
totalmente desenfrenada. En unos segundos pude ver de 
todo lo imaginable. Lesbianas, homosexuales, dos y hasta 
tres mujeres con un hombre, y viceversa, en fin todo el mundo 
gozando de lo lindo. Menos Marcelo.


Estaba sentado en una silla, solo. Al verme enseguida se 
incorpor dicindome:


- Vernica , qu te pas?


Le cont, me abraz, me bes, me contaba que, a pesar de haber 
estado jugando en la piscina, no se haba animado a penetrar 
a ninguna mujer. Le cont que a m me haba pasado lo mismo.


Nos trenzamos como si nada hubiera pasado. Nuestras lenguas 
entrelazndose la una con la otra.


La pija de Marcelo se paraba, yo se la agarr y empec a pajearlo, 
a l le gusta mucho. A esta altura volv a calentarme como 
antes, claro, ahora estaba tranquila con Marcelo. Yo saba 
que me iba a pegar una de esas cogidas que l sabe hacer y que 
solo l sabe como me gusta que me hagaan.


No puse resistencia, me recost ah mismo sobre el csped, 
las piernas se me abrieron automticamente, la lengua 
de Marcelo comenz a trabajar, acariciando todo mi sexo 
y penetrando a ms no poder cada tanto.


-Ahhhhhhhh ....Ahora si que se est bien le deca a cada 
rato.


-Esta si que es una concha de verdad. Vernica no hay concha 
como la tuya. Me repeta a cada segundo.


Nuevamente mis susurros de placer fueron transformndose 
en gritos. Y nuevamente los chicos de antes cerca de nosotros.


Marcelo me pidi que ponga de pie, con mis manos tome el respaldo 
de una silla y le de la espalda. Lo hice tal cual l me lo haba 
pedido, parada abr mis piernas para tener mejor estabilidad, 
saqu mi culito para afuera y se arrim a m. Con su pija comenz 
a recorrer mis piernas desde la parte de atrs de las rodillas, 
subiendo y pasando por mis muslos, recorrindome la raya 
del culo de arriba a abajo, de abajo a arriba, haciendo que 
mis msculos se tensen, que se me dilate el ano, esperando 
que me la ponga de una vez por todas.


Lejos de eso, Marcelo solamente me puerteaba, me arrimaba 
el glande. Yo notaba como el agujero se iba dilatando, como 
ya dije esperando ser penetrada, pero l se haca desear, 
y no me la pona.


De pronto, en una de las caricias que me estaba haciendo 
con la pija por la raya, que vena de arriba para abajo, no 
se detuvo, y me busc la concha. Y la meti


-Ahhhhhh. Exclamaba y suspiraba a la vez. Qu indescriptible 
placer Cmo me gusta coger de parada


Mi suspiro pronto se transform en un grito. No poda contenerme 
en silencio.


Los chicos, esos que antes me haban ensuciado, volvieron 
a arrimarse.


Definitivamente no quera tenerlos cerca, estaba casi 
en pleno gozo, por lo tanto solo atin a mirarlos, con muy 
mal semblante para que se vayan. Ellos parece que no lo entendieron 
as.


Mientras Marcelo me segua cogiendo, tomndome de las 
caderas y serruchndome con esos movimientos cortitos 
y fulminantes que tanto me gustan, uno de los chicos se arrodill 
entre el respaldo de la silla y yo. Comenz a pasarme la lengua 
por el cltoris. No se imaginan lo que es tener una verga 
adentro y una lengua chupando al mismo tiempo Yo estaba 
en el paraso. El otro se par en la silla y puso su pija en 
mi boca para que se la mamase.


Marcelo pareca un nio descubriendo un nuevo juguete, 
su excitacin no le permita dejar su miembro flccido 
y l aprovecha la situacin para cogerme y cogerme y cogerme.


Los tres acabaron al mismo tiempo.


El que estaba arriba de la silla, me la sac de la boca y esparci 
su semen hacia un costado.


El que me estaba chupando la concha, tirado en el piso, se 
hizo una terrible y excitante paja.


Y el nico que me importaba, Marcelo, me llen de leche. 
Me llen con su caliente y tan conocida, sabrosa y gustosa, 
para m, adorable leche.


Me tom unos segundos para relajarme y me tir al agua para 
limpiarme. Marcelo se acerca me besa y me pregunta:


- La pasaste bien Vernica ?


- Si mi vida Te adoro Fue mi corta y sincera respuesta.


Me sienta en el borde, me abre las piernas y me entrega un 
delicado besito en la concha.


Lo tom de las mejillas, arrim mis labios a los de l y le 
entregu un pico, suave y chiquito, pero con todo el cario 
que se pueda imaginar.


Tomamos nuestras ropas y sin despedirnos de nadie nos fuimos 
de la fiesta lentamente, abrazados, mimndonos y sin dejar 
de mirarnos tiernamente a los ojos.


A la maana siguiente emprendimos el regreso con la promesa 
de llamar a nuestros amigos para ofrecerles una fiesta 
en agradecimiento.

Article source: https://sexstoriesclub.com/historias-de-sexo/111-aquella-fiesta.html

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